
Enterrar ídolos, renombrar el dolor en Génesis 35
Jacob es llamado a volver a Betel, enterrar los ídolos del pasado y reencontrarse con el Dios vivo que transforma su hogar y su obediencia. Luego, el episodio aborda el dolor de la pérdida, la renovación del nombre de Israel y cómo la fe permite renombrar el sufrimiento con esperanza.
Chapter 1
Enterrar los ídolos antes de levantar el altar Génesis 35 uno al siete
Mama
Es que, es que imagínate nada más, corazón. Después de todo ese desastre tan horrible en Siquem, donde, donde Dios ni siquiera aparecía nombrado en todo el capítulo anterior, de repente en el versículo uno Dios mismo rompe el silencio. Y le dice a Jacob, levántate, sube a Betel.
Cayi
Exactamente, Mama! Catorce o quince años perdiendo el tiempo a solo treinta millas del lugar donde Dios le había dicho que viviera. Es como, como dice el pastor Skip Heitzig, este es el primer gran avivamiento personal registrado en la Biblia.
Mama
Ay sí, pero pero para subir a Betel primero tenía que limpiar la mugre, mija. No podía llevarse esos dioses ajenos, esas teráfines que Raquel tenía guardadas por años escondidas. Tuvo que mandar a enterrar todo eso bajo la encina de Siquem.
Cayi
Wow, claro, y y Siquem significa literalmente hombro o carga, verdad? O sea que los ídolos no se mudan de repisa, Mama, hay que enterrarlos bien profundo para no volver a desenterrarlos jamás.
Mama
Exacto. Es como, como decía Adrian Rogers, el pecado te llevará más lejos de lo que quieres ir, te quedará más tiempo del que quieres estar y te costará más de lo que estás dispuesto a pagar. Los padres tienen que dar el ejemplo en el hogar. Spurgeon lo decía clarito, la mundanalidad que el líder tolera en su propio corazón se termina filtrando a todos los hijos.
Cayi
Es una responsabilidad gigante para la familia. Pero mira lo lindo del versículo cinco, cuando Jacob obedece y salen, un terror de Dios cayó sobre las ciudades de alrededor y nadie los persiguió. La obediencia parece peligrosa por fuera, pero es el único lugar seguro.
Mama
Amén! Y cuando llega a Betel, ya no llama al lugar simplemente Betel, que es casa de Dios, sino El Betel, el Dios de la casa de Dios. Ya no estaba enamorado del sitio ni de la experiencia pasada, sino del Dios vivo que le dio la promesa.
Chapter 2
Benoni o Benjamín la fe que renombra las pérdidas y atraviesa el dolor Génesis 35 ocho al veinte
Cayi
Y entonces entramos a la segunda parte del capítulo, y y es impactante porque el avivamiento no frena las lágrimas. Casi de inmediato muere Débora, la nodriza de Rebeca, y la entierran bajo la encina del llanto.
Mama
Ay, sí, mi niña. Mire que la muerte de Rebeca ni se menciona con tanto detalle, pero la de su nodriza sí. Eso me enseña a mí que las personas más humildes y silenciosas en una familia a veces llevan el peso espiritual más grande ante los ojos del Señor.
Cayi
Totalmente. Y ahí mismo Dios se le aparece otra vez a Jacob para confirmarle su nombre, Israel, y se le revela como El Shaddai, el Dios Todopoderoso, el Dios que es más que suficiente. Como dice Priscilla Shirer, las circunstancias dolorosas no tienen autoridad para ponernos etiquetas, solo Dios nos nombra.
Mama
Así es! Pero el camino a Efrata le tenía guardada la prueba más dura a Jacob. Raquel entra en un parto dificilísimo y, y trágicamente muere al dar a luz.
Cayi
Qué momento tan desgarrador, Mama. Raquel en sus últimas bocanadas de aire llama al niño Benoni, que significa hijo de mi dolor. Ella quería bautizar el futuro de su hijo con la tragedia de su muerte.
Mama
Pero Jacob dijo no! Jacob ejerció su fe y le cambió inmediatamente el nombre a Benjamín, que significa hijo de mi diestra. Él se negó rotundamente a que una hora de dolor definiera toda la vida de su hijo.
Cayi
Exactamente, qué lección tan poderosa! Dios no nos promete que no vamos a llorar o que no habrá funerales en el camino, pero estar cerca de Él nos da la fuerza para renombrar las pérdidas y atravesar el duelo con una esperanza bien firme.
Mama
Ay, corazón, así es el Señor con nosotros. Nos da la gracia para sepultar lo viejo y nos sostiene de la mano cuando nos toca despedir a los que amamos. Bueno, mija, mejor nos vamos a orar un ratico.